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Y la última parte de la aventura de Lessandra e Ihk. A ver a quién matamos ahora. La semana que viene volvemos a la programación habitual, gracias por su paciencia!

El murciélago aleteaba frenéticamente por encima de los tejados de Bovenia notando en sus alas el cálido humo de las chimeneas. Después de haberse pasado la noche cazando, y tras un botín de tres mosquitos y un abejorro se dirigía a su hogar en el campanario con el estómago lleno.

En lo más alto del templo druida las siete campanas que dictaminaban las oraciones de los Naturales se cobijaban bajo un techo de madera que no las protegía del frío. Entre las maderas que las sujetaban tenía su hogar el pequeño murciélago, el cual ya empezaba a soñar con la calentita e invertida cama que empezaba a vislumbrar.

Pero ni sus pequeños ojos ni sus enormes oídos le advirtieron de la presencia de una figura humana sentada en el borde del campanario. De algún modo aquel hombre había permanecido oculto entre la oscuridad a pesar de su afilado sónar, y solo se percató de su presencia en cuanto lo agarró con su enorme manaza a una velocidad endiablada.

El Capitán Luzsanta miró a su presa con gesto indescifrable, especialmente para la criatura.

- Tienes suerte de que ya haya comido, - le dijo – no suelo rechazar los tentempiés tan fácilmente.

El Capitán lo arrojó, y el murciélago huyó despavorido hacia su hogar tan rápidamente que rebotó en tres de las siete campanas. El Capitán miró luego a la mujer que había intentado apuñalarle y que técnicamente lo había conseguido.

- Maderos ¿eh? No necesitamos a la Guardia Forestal para encargarnos de los vampiros, eso es trabajo del Escuadrón de Cazavampiros.

Lessandra, a modo de respuesta, le miró con ojos incrédulos, por si el vampiro cazavampiros no se hubiese dado cuenta de la ironía en la que había metido las dos piernas y un brazo.

- No me mire así, señorita. He realizado una labor encomiable en Bovenia ¿Sabe cuántos vampiros he eliminado?

- Su competencia.

Luzsanta sonrió.

- Todos salimos beneficiados ¿no cree?

- ¿Y los inocentes que ha matado?

- De algo tendré que alimentarme, señorita. Pero en total el número de muertes en Bovenia ha descendido gracias a mí.

- A pesar de usted, querrá decir.

Luzsanta la miró desafiante. Lessandra, le devolvió la mirada, pálida y sin fuerzas, la cabeza apoyada en las columnas de la torre del campanario, el cuerpo tirado en el suelo del mismo. La ex ladrona había pasado por situaciones peores pero el agotamiento le hacía imposible recordar más de una. Miró a su derecha dejando caer el peso de su cabeza. Los tejados de Bovenia era lo único que podía ver desde su posición, y la nieve no era tan espesa como para que saltar al vacío fuese un plan de huida. Otra vez no.

Con esfuerzo, Lessandra volvió a girar el cuello enfocando al Capitán que la miraba divertido.

- ¿No va a matarme?

Luzsanta volvió a reírse, mostrando los colmillos que brillaron a la luz de una luna que no se atrevía asomarse entre las nubes.

- Ya lo estoy haciendo, señorita. Pero sin prisa, ¿o usted se como todo un pastel de un solo bocado? Hay que racionarlo. Saborearlo... - Lessandra, que alguna vez en su vida había comido algún pastel de dos bocados se sintió extrañamente halagada. Luego pensó en que si salía de ahí con vida, se comería otro pastel entero. Y mandaría a tomar por culo a todo el mundo, especialmente a los maderos. Jugarse el pellejo constantemente comenzaba a resultar cansado. Volvió a mirar al hombre, que pareció seguir hablando a pesar de que estaba demasiado cansada como para prestarle atención.

- Un plan inteligente, como puede ver ¿no?

Lessandra asintió con desgana, sin tener ni idea de qué hablaba el hombre.

- Y ahora descanse, señorita. Ha perdido mucha sangre... ¿Cree que tardará mucho?

Los párpados le pesaban. Estaba cansada, agotada. No tenía fuerzas en el cuerpo, y aunque las tuviese sus únicos planes consistían en matar desarmada a quien no pudo matar armada, o saltar campanario abajo. Su espeso cerebro llamó la atención sobre algo que había dicho el hombre.

- ¿Que si tardará mucho quién? - logró preguntar.

- Su compañero, claro. ¿Se cree que no sé que los Maderos vienen en molestos paquetes de dos?


Ihk siguió con la mirada el rastro de sangre. No era la primera vez que perseguía a un vampiro, los cuales solían dejar restos de su comida por todas partes. Para ser criaturas tan supuestamente elegantes aún no habían descubierto el uso de los cubiertos.

Miró lo alto del campanario y oyó las voces. Había voces, eso era buena señal, quería decir que, o bien Luzsanta hablaba solo, o Lessandra seguía viva. Pero no podía esperar mucho más tiempo, no quería pensar en qué situación se encontraba su compañera.

Ihk comenzó a subir las escaleras, que crujían bajo su enorme peso a pesar del cuidado con el que ascendía. Llevaba una espada de plata en su mano, y muchos años trabajando como soldado en Bovenia a su espalda. No era el primer vampiro al que se enfrentaba, aunque normalmente no lo hacía él solo. Sin sus antiguos compañeros de escuadrón, sabía que no tenía muchas opciones contra una criatura tan rápida, pero con Lessandra como rehén tenía que ceñirse al plan. Al nuevo plan.

El último tramo de escaleras pasó por debajo de sus pies velozmente y, con la espada a modo de avanzadilla, apareció en lo alto de la torre. Allí Luzsanta lo esperaba con una sonrisa afilada. Su compañera reposaba en el suelo, pálida. Preocupantemente pálida. Su rostro estaba demasiado agotado como para mostrar ni siquiera miedo, y su mirada intentaba decirle algo, pero no gritaba lo suficientemente fuerte.

- Usted debe de ser su compañero ¿verdad? - respondió altanero el vampiro, ofreciendo una mano a modo de presentación – Capitán de Caza Luzsanta.

- Nos conocemos – respondió Ihk sin bajar la guardia. El brillo argentino de la espada logró hacer arquear una ceja al Capitán – he trabajado para usted, Capitán.

- Lo siento, soldado, he trabajado con muchos hombres, no puedo recordarlos a todos.

- Soy el que sobrevivió.

Un par de potentes espadazos volaron en el aire, y solo los reflejos sobrenaturales de Luzsanta le permitieron esquivarlos. El soldado estaba decidido, pero eso no era suficiente para acabar con él. En cuanto el ataque perdió su inercia inicial Luzsanta comenzó a leer los ataques en los ojos del guardia y a bailar con él, como un experto bailarín aprendiendo una nueva danza. En menos de siete estocadas al aire, Luzsanta arrojó un puñetazo en la cara del hombre lanzándolo por el aire. Ihk resbaló por el suelo de madera y logró aferrarse al borde antes de caer.

- Un esfuerzo notable, soldado. - siguió hablando Luzsanta mientras se acercaba lentamente al guerrero abatido - Pero insuficiente. ¿O de verdad creía que podía derrotarme usted solo?

- No estoy solo – Luzsanta arqueó de nuevo la ceja, sorprendido momentáneamente– Gaia me acompaña.

- ¡Ja! Un creyente en Bovenia, creía que se habían extinguido... ¿Y qué se cree que va a hacer su diosa por usted?

- Ser puntual.

Antes de que el Capitán intentase arquear de nuevo la ceja, la Mayor Campana comenzó a tañir. Aprovechando el momento de sorpresa Ihk se abalanzó sobre el vampiro lanzándolo contra la Segunda Mayor Campana cuyo badajo sincronizó su golpe con el de la cabeza de éste. La tercera Mayor Campana y la Campana de en Medio siguieron a sus compañeras, sumiendo al vampiro y a los murciélagos en un mar de ruido que acogotaban sus afilados sentidos. El campanario estaba en teoría abandonado, los druidas habían dejado Bovenia por imposible. Las siete campanas llevaban años sin ser tocadas. ¿Quién había escogido ese momento para retomar la tradición?

Para cuando miró a su alrededor ya no había rastro de los maderos. El hombretón había aprovechado el caos para huir llevándose a la mujer. Luzsanta, decidido no dejar escapar a su cena, saltó por el hueco del campanario. Amenazante, el Capitán aterrizó en el suelo y levantó la cabeza enseñando sus afilados colmillos, dispuesto a arrebatarle la sangre a todos los allí presentes aunque solo fuese con su terrorífica mirada.

Pero fue la sangre de Luzsanta la que decidió abandonar su rostro.

El escuadrón de cazavampiros al completo miró incrédulo a su Capitán, cuyos colmillos quedaron congelados en el aire clavados en mitad de una impertinencia. Miraron a Ihk, que acababa de bajar las escaleras con la mujer al hombro. Lo había logrado, su excompañero había rescatado a la rehén, ya no tenían que ser sutiles.

Los hombres, armados con años de rencor hacia un exigente e hipócrita capitán y también con una docena de espadas de plata levantaron sus armas en dirección del vampiro. No iba a ser nada fácil.


- No ha sido nada fácil – dijo Lessandra, aún reposando en la cama de El Sacrificio del Cerdo y con los restos de un pastel entero aún en su regazo.

- El escuadrón está acostumbrado, Luzsanta no ha durado mucho más que otros vampiros.

- Me refiero, el plan... creíamos que veníamos a por un simple humano y se ha vuelto a complicar. Me has tenido que volver a sacar en brazos, Ihk.

- No te acostumbres – intentó suavizar el hombretón. - La próxima vez serás tú quién me saque a mí en brazos, ¿vale?

Lessandra negó con la cabeza, esforzándose por decir lo que no quería.

- No habrá próxima vez, Ihk. - respondió triste - Estoy cansada de jugarme la vida.

- Pero Lessandra... la gente cuenta con nosotros. Tus padres...

- Me da igual. - Cortó Lessandra antes de que su amigo le convenciese de lo contrario. La mujer, aún pálida, aún débil, hizo un enorme esfuerzo por tragarse sus lágrimas. - Lo dejo.